Cuando empieza a oler a tierra mojada, y empieza a caer la lluvia es una sensación tan agradable... De mis cosas favoritas en el mundo. Este blog es de historias cotidianas. Cambiar y crecer. Soltar, dejar ir. Amar, sonreír. Ser agradecida. Estar feliz, estar en paz. De analogías, de parábolas. De cosas que en medio de lo normal van dando pistas y luz. Como el agua que da vida y refresca. El olor a lluvia que viene me da esperanza.

domingo, 13 de abril de 2014

La cuerda de la vida

Trabajo en un colegio católico y como es evidente, estamos en Pascua. El viernes tuvimos un retiro de profesores. Para nuestro crecimiento espiritual y personal. Yo soy bastante sapa, así que estas cosas me gustan. (De vez en cuando cuando está muy aburrido pongo un poco de resistencia, pero en general les saco provecho.) De camino una de mis compañeras me dijo: "Vamos a hacer eso de la cuerda, de caminar agarrados de una cuerda." -Que pereza -pensé- esa ya me la sé. Aún así trate de dejar mi prejuicio y mi amargazón de lado, y disfrutar la actividad. Efectivamente nos amarraron los ojos y nos dirigieron a un laberinto donde uno para salir debe seguir la cuerda. Yo lo había hecho en el MOVI hace muchos años, y recordaba cómo terminaba. Con aplomo y seguridad me agarré de la cuerda y empezé a caminar. "No creo q sean tan brutos como para poner un camino demasiado difícil." En eso mi mano sintió un brinco al pasar de una cuerda gordita, a un nudo seguido de un alambre de amarrar ropa. De esos sintéticos. A caray. Las cuerdas se iban amarrando a árboles que me llevaban en medio de la obscuridad. Sí, soy tan sapa que no espío, ni hago trampa, ni veo por debajo del pañuelo. Firme y honesta. En eso abrazé un árbol que tenía dos cuerdas. -"Ahora sí me jodí, ya sé por donde va esta vara."' Agarré las dos cuerdas y sin soltar ninguna seguí caminando hasta que tuve que decidir. O una o la otra. Ya no me daban los brazos para seguir los dos caminos. Una cuerda era gruesa, la otra de esa "paque" (Paqueteada(o) es un objeto de no muy buena calidad o barato, no muy fino). Solté la gruesa. Seguía caminando y caminando y no se terminaba. Al llevar al árbol, lo rodee con las dos manos, hasta que mis dedos de las dos manos se tocaron. Seguí tanteando, sólo por probar, pero ya sabía la respuesta: había perdido mi tiempo en el camino equivocado. Me quedé parada ahí un momento y pensé: "En este momento de mi vida estoy igual, en una situación sin salida en la que estoy perdiendo mi tiempo." ¿Cuántas veces no desperdicio mi tiempo, en algo que ya sé que no es mi camino? El final de la aventura fue aún más impresionante para mí, ya que lo otro ya lo había previsto. Cuando realizabamos esta actividad en el MOVI (Movimiento Cristiano Juventud Nueva) la actividad se terminaba perdida en el bosque y pidiendo ayuda. No se podía salir del laberinto a menos que uno pidiera ayuda. Pero esta vez no fue así... Esta vez la aventura termino con una sensación en mis manos que podría describir como un salto de fe. No voy a describirlo por si algún día usted vive esta experiencia, pero para mi fue en medio de la oscuridad abrir los ojos. De nuevo. Un paso más de fe.